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La operación bikini engorda

Nutrición | May 8th, 2010 | 

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El diario Elpais.es advierte en este artículo sobre los riesgos de las dietas para el verano.

Llega el verano. Y la tentación de reducir las carnes rápido (aunque sea mal) acecha. Los endocrinos advierten: tras la ‘operación biquini’ siempre se recuperan más kilos de los que se perdieron. Enlazar un régimen exprés con otro lleva a la obesidad. Antes de vivir a base de pomelos, piense que si se resiste a la caña con patatas fritas evitará más de 500 calorías

Forzar la máquina para lograr más en menos tiempo, además de poco saludable, engorda. “Las pérdidas de peso rápidas conllevan una reducción importante no sólo de grasa, que es el objetivo, sino también de agua y masa magra”, expone Javier Salvador, director del departamento de endocrinología y nutrición de la clínica Universidad de Navarra y miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn). Es lo que se conoce como efecto rebote o yoyó: lo reducido se recupera igual o más velozmente de lo que se perdió, pero ya íntegramente en forma de grasa.

“Vale la pena hacer las cosas bien, sin prisas”, anima Maite Zudaire, dietista-nutricionista, responsable del canal de alimentación de Consumer Eroski. Subraya lo costoso que le resulta al organismo desprenderse de cada kilo de grasa acumulada. Para ayudarlo, propone un plan de choque a base de “alimentación sana, equilibrada e hipocalórica, ejercicio físico regular y una relación saludable con la comida, sin obsesionarse con los alimentos y sus calorías, ni con restricciones extremas”.


Según Clotilde Vázquez, jefa de la sección de endocrinología y nutrición del hospital Ramón y Cajal de Madrid, para perder grasa hay que “cuidar las cenas: que sean de ensalada y fruta o lácteos. Y hacer un desayuno relativamente copioso. Suprimir los extras y los picoteos, reducir la ingesta de alcohol a una vez a la semana. Eliminar las bebidas azucaradas, los snacks, las patatas fritas de bolsa y las galletas, aunque sean integrales, la bollería y los aperitivos. E ir al gimnasio o hacer deporte dos veces por semana. O caminar una hora al día a paso rápido, acota Monereo, que avisa: “Si comer menos y mantenerlo en el tiempo es importante, lo es igual o más hacer algo de ejercicio y mantenerlo”.

“El resultado no se debe medir en kilos, sino en cintura y en tipo: se baja una o dos tallas manteniendo la musculatura [metabólicamente más activa] y evitando así el efecto rebote”, concluye Vázquez. “No existe un peso ideal en kilos”, incide el doctor Salvador, que recuerda que el parámetro que mejor define la proporción entre peso y talla es el índice de masa corporal (IMC: peso en kilos/talla en metros al cuadrado). “Se considera normal cuando este valor se encuentra entre 18,5 y 25 kg/m2″. Si una persona presenta un leve sobrepeso sin mayor trascendencia, la receta de Javier Salvador coincide con la del resto: “Moderación, restricción en el consumo de alimentos ricos en grasas animales y carbohidratos. Tomar frutas y verduras, pescados y cereales, siguiendo los principios de la dieta mediterránea. Y aumentar la actividad física”. Si además la persona con sobrepeso tiene problemas de hipertensión o diabetes, sí que debe consultar con su médico. En términos de salud, el problema no es tanto el exceso de peso como de grasa, especialmente de grasa abdominal. “Una circunferencia de cintura superior a 102 centímetros en varones y a 88 en mujeres está ligada a un riesgo cardiovascular elevado”, advierte.

No es saludable saltarse comidas. “Evitar el desayuno constituye un factor de riesgo de obesidad infantil”, enfatiza Salvador. Laxantes y diuréticos “están contraindicados si no existe una razón porque, lejos de ayudar, se asocian a pérdida de agua y a alteraciones que pueden tener serias consecuencias”, acota. El experto también desaconseja “dietas pintorescas” como “la de la alcachofa o la del pomelo”, que no tienen los “aportes mínimos de carbohidratos o proteínas”. O hiperproteicas, sin apenas carbohidratos, porque exponen a “deshidratación o alteraciones renales”. Tampoco comulga con las disociadas: “No existe evidencia científica de que generen mayor pérdida de peso que los planes de alimentación convencionales con el mismo aporte calórico”. Zudaire sí ve que una disociada (distribución pensada y organizada de los alimentos), bien planteada por un dietista-nutricionista, “puede tener sentido para forzar la pérdida de peso en personas que se han estancado”. Pero deja claro que este planteamiento no tiene nada que ver con “otras dietas que se promulgan como disociadas, pero esconden un diseño confuso y sin fundamento científico: dietas de Hay o disociada, Hollywood, de Montignac, régimen de Shelton, antidieta…”.

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